12: El número

El número de mi vida, aunque aparentemente pueda parecer un número futbolístico, nada más lejos de la realidad, para mi es puro baloncesto. Podría resumir este artículo como un homenaje al número que nos acompañó en nuestra vida. En una semana de muchas emociones vividas en mi vida personal sobre el baloncesto, volví a echar un rato con los amigos después de más de un año sin pisar una pachanga. Para un apasionado del deporte del aro como yo, ha significado un hito gigante volver así que para terminar este homenaje, ¿Qué mejor que hablar del número que me acompañó en mi equipo?

No recuerdo con exactitud qué temporada empezó mi amor al parqué, si que tengo claro que tras un año nefasto en el equipo de fútbol del cole la opción de probar un nuevo deporte se habría espacio. Era alto para mi edad, entre bromas los entrenadores del club le decían a mi padre que me apuntase a baloncesto. Por suerte mi padre no era un gran forofo del fútbol imagino que eso sumado a mi estrepitoso fracaso en el balompié me dio alas para abrir las puertas a esta maravilla. Recuerdo que mi ilusión era jugar con el número 13, nací un 13 de junio y siempre me llamó la atención todos esos mitos en torno a esa cifra. Éramos críos (creo que tendríamos sobre 10 años) y casi todos estábamos empezando en esta sección del club por lo que la elección por antigüedad quedó atrás. En el sorteo tuve la “mala suerte” de que cogieran el número 13 antes que yo, así que decidí que me conformaría con tener un número menos, el 12 llegó a mi vida. Creo que siempre fui una persona con principios fuertes, me encanta la idea de que un jugador cree tanta marca en un número que lo convierta en suyo, el caso más evidente es el 23 de Jordan que ha traspasado todo tipo de fronteras. Por lo que cada temporada pedía ese dorsal, si hacía falta, jugando la carta de veterano.

En otro lado, paso el micrófono a mi compañero de redacción: Izanoulis para que nos explique su amor por el número 12:

Siempre he jugado de portero y nunca me gustó llevar el número 1. Mi número favorito era el 9, pero es cierto que es un dorsal un poco extraño para un portero. Así que primero opté por el 13 porque las equipaciones siempre venían serigrafiadas con el 1 y el 13. En el segundo año de alevín jugué un partido en Málaga con la segunda equipación de mi equipo, el Costa de Almería, con el 12, en el que pasamos a la final de Andalucía y cuajé un gran partido y ya siempre me quedé con ese número. Perdimos con Cádiz y, curiosamente, el mejor jugador del torneo, también llevaba el 12. Me metió 4 goles. Lo hice mío y ya lo pedía todos los años, hasta en las temporadas que jugué de portero en fútbol para ciegos pedía el 12. Es mi número, sin duda.

Toda esta parrafada es solamente la justificación a una entrada que emana aún más si cabe de la historia personal, de nuestra relación de amor y de cómo las decisiones de la vida hacen que cambien las percepciones. Obviamente al lucir ese número en mi camiseta siempre me fije especialmente en los jugadores que vestían ese número. Este es mi pequeño homenaje a los “12” de mi vida:

Rodrigo de la Fuente

Eurobasket 2003, aunque no era el número habitual de Rodrigo, ahí estaba con el número 12. Uno de los primeros hitos de la absoluta que terminaría denominándose La Familia. Por este tiempo ya estaba perdidamente enamorado del baloncesto y en el cuadro nacional se mezclaban nombres de donde veníamos y hacia dónde íbamos. Nombres como Garbajosa, Jiménez, Navarro, Calderón, Pau o Felipe Reyes formaban parte del elenco. Me fijé en de la Fuente por su número, pero también por su rol, de jugador de equipo, de sumar desde un rol secundario, esas similitudes que encontraba en mi día a día.


Superman Howard

Uno de los 12 más dominantes que recuerdo. Esta “mala bestia” honro nuestro dorsal en aquella mítica elástica de Orlando. Creo que hay poco que decir de este señor, desde sus concursos de mates entre Superman Howards y Kriptonita Robinson, un miembro selecto del club de los tarugones contra uno de esos locos bajitos. Quizá “el último pívot” de esos dominantes que solo juegan a un palmo del aro y que cada visita a la línea de tiros libres es una tortura.

Ordenadores Stockton, la informática a su servicio

Otro que necesita pocas presentaciones. El base que disputó toda su carrera en los Utah Jazz fue uno de los primeros culpables de nuestras noches de insomnio. Con aquel mote tan característico de nuestro queridísimo Andrés Montes y en la memoria de todos grabados esos duelos junto a Malone contra los Bulls del número 23.

Ja Morant

Dejando todas sus polémicas a parte, cuya opinión creo que no es ni necesario que vuelque aquí porque me parece de cajón. Es una locura ver a este jugador en la cancha, me he visto muchos partidos de sus Memphis solo por verlo fluir en el parqué. Con reminiscencias de Iverson y unos muelles que ni el mismísimo Rudy. Explosividad, clase, carácter.. un jugón. Espero que el basket y su cabeza le den la oportunidad que merece para demostrar toda la clase que derrocha.

Maite Cazorla

Una de las nuestras, del basket nacional, de la familia. Otra de las que entienden toda la filosofía de la pasión por este deporte.Su alto IQ baloncestístico y su capacidad de liderazgo la ha convertido en una pieza clave del combinado español. A sus 27 años la de Las Palmas
siempre deja huella en la dirección de orquesta.

Ornella Santana

Tuvimos la suerte de disfrutar de esta ala-pívot argentina en nuestro equipo local. El CB Almería trajo a dos zurdas argentinas de perfiles muy diferentes, por un lado Macarena D’Urso (que seguro que algún día le dedicaremos unas líneas) y por otro a la número 12. Nos hizo disfrutar de dos grandísimas temporadas en LF2 promediando unos 10 puntos por partido, sobre el 32% en tiros de tres, 6 rebotes y casi 2 asistencias con 12 de valoración. Siendo una de las piezas claves de aquel CBA. Sin duda fue objetivo de nuestro análisis en los duelos en casa, compartía nuestro número y es una jugona.

Por esto y mucho más, el 12 es el número.

 

 

 

 

 

 

Extra: Michael Jordan

Por una esperpéntica historia el 23 tuvo que vestir el número 12. ¡Bienvenido al club! Los Bulls se enfrentaban a los Magic cuando la camiseta fue sustraída. No había ninguna de repuesto con su dorsal ni se encontraba por ningún medio la original. Finalmente ofrecieron a Jordan jugar con una camiseta sin nombre y otro número, ya sabéis cual. Efectivamente decidió jugar sin su talismán y anotó nada más y nada menos que 49 puntos. ¿Conocéis esta anécdota del 23?

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